1 acto.
El lago se seco dejando una profunda hondonada. En el fondo, cristales de sal arrojaban enceguece dores destellos bajo el sol abrasador. Todo se encontraba bañado por un alucinante sol jamás antes visto.
Alrededor de el, 7 vetustos y oxidados árboles se yerguen ante un sacrificio.
Ya eran ancianos cuando el lago nació de la Tormenta.
De sus ramas penden frutos macabros.
Embriones.
En bolsas rojas.
Por cada bolsa, un embrión.
Por cada embrión, una semilla, una promesa.
Una esperanza asesinada.
Ningún ave se posa en sus ramas y ningún animal pernocta en las cercanías del lago, enclavado en el desierto más espantoso de Cythere.
Tan solo los Vástagos Del Señor se atreven a pasar sus noches allí, cantando, bebiendo y soñando con un futuro que luego cuelgan en las ramas de los árboles.
Y los embriones esperan…
2 Acto.
En el lejano norte, en medio de gélidos mares, hay unas tierras que recibe el nombre de Sthelia. Allí solo hay tundra y hielo. Altas cordilleras se adentran más y más elevando sus desafiantes cumbres solo para desaparecer bajo nubes y glaciares.
El viento corta como la espada más afilada y silba a través de las extrañas figuras que nacen de la tierra.
Son los Penitentes.
Formas que evocan al humo y a la sombra, al hielo danzante y embriagador, esculpidas en años olvidados por las manos de extraños.
En sus interiores, pequeños gusanos se retuercen tratando de escapar.
3 Acto.
Los vientos ardientes moldearon todas y cada una de las rocas del desierto, proporcionándoles formas extravagantes e inusuales. Algunas desafiaban a la lógica al sostenerse sobre mínimas bases, otras parecían nacidas de colosales manos tan gigantes eran.
En el centro, cerca de un lago seco, se levanta la única roca que no fue tocada por mano alguna pues cayo de los cielos según cuentan las antiguas leyendas.
Es un cubo perfecto e imponente de color azabache.
En sus cuatro esquinas se levantan 4 obeliscos de igual altura, inmaculadamente blancos y recubiertos de letras.
Alrededor del cubo y sobresaliendo de la arena, se elevan puntas de wolframio y platino incandescente, de 10 metros de alto.
El cubo es oro negro.
Los obeliscos, agua petrificada.
4 Acto
Los gusanos escaparon de sus prisiones de hielo y con la lentitud de los seres que saben que tienen toda la eternidad por delante, comenzaron su marcha a través de la tundra y el viento hacia el Sur.
Allí los esperaban.
5 Acto.
A lo lejos se observan los embriones meciéndose merced al viento. El aire resuma ozono.
De cada embrión nació un fantasma.
Cada fantasma viste una mascara de lapislázuli azul cobalto con un ideograma en amarillo cromo y una panoplia de mármol blanco con una inscripción blasfema.
Por cada embrión, un fantasma.
Por cada fantasma, una mascara.
Por cada fantasma, una blasfemia.
Por cada blasfemia, un dios menor esperando nacer.
Y los Vástagos Del Señor ya no caminan con pies mortales…
6 Acto.
Millones de eones han transcurrido.
Los gusanos llegaron finalmente al desierto, a la roca de oro negro que yergue en medio de ese desierto. Arrastrándose, y a costa de enormes sufrimientos.
Habían sido millones, ahora apenas un puñado gimiente.
Todos entraron al cubo.
Allí los fantasmas esperaban…
7 Acto
El mundo cambio. Giro sobre sus ejes infinitas veces y los eones se amontonaron uno tras otro. El desierto se convirtió en pradera y el cubo desapareció bajo la gredosa tierra y la tupida vegetación selvática mas tarde.
Pero solo había transcurrido un segundo de un minuto de un día de la Eternidad.
Entonces salieron del cubo.
Ellos.
Los primeros seres humanos.
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