martes 2 de diciembre de 2008

La Lluvia Y Despues El Trueno

Sus ojos eran mitológicos de alguna manera, se sabia sola pero no solitaria, miro al cielo nublado y sonrió.
Solo en Cythere el cielo era así, pensó...
a lo lejos estaba el mar, su casa desde que había abandonado el desierto. Atrás estaban los anchos campos de trigo maduro que se agitaban como otro mar merced al viento.
Miro a la estatua y a los batracios, congelados desde una época que ya nadie se atrevía a recordar, cuando el mundo era joven y los Vástagos de Ann caminaban con piernas mortales por estas tierras.
Sintió frió y se arrebujo en su capa, aunque el frió que había en su corazón era intenso.
El jamás regresaría del otro lado del mar...
de la obscuridad y los abismos...
emprendió el camino de regreso entonando una canción cuya melodía alegre contrastaba con su expresión severa. Pronto llego al mar y se rápidamente se dirigió a la Torre de Marfil, creación de su padre y su hogar desde que abandono el desierto...
hogar?
Hogar es donde están los corazones decía un antiguo proverbio eviare. Hogar era el regreso a brazos abiertos de para en par, a ojos anhelantes...
en su pupila escarlata se reflejo un relámpago furtivo y una lagrima de azufre broto de ella y se deslizo tímidamente por su nívea mejilla. No hizo nada para secarla, de eso ya se encargaría el viento.
Se sabía necesitada y anhelaba con salvaje dolor ese encuentro pero sabía que su corazón no estaba preparado para asesinar y destruir.
Pronto llovió y los abismos en los cielos de Cythere se abrieron de para en par.
Llueve sobre mí, llueve sobre mi corazón y resérvame un gran destino...

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