Era viejo pero aun conservaba en sus ojos el recuerdo de primaveras antiguas, sus sueños aun lo mantenían con vida, pero su mente era la de un niño de escasos años.
Miraba todo como si fuese nuevo, y en realidad el era nuevo en ese entorno de rieles y maquinas veloces.
Que hacia allí? si lo que el mas quería era detener el tiempo, condensarlo en una sola eternidad, y ese era en realidad su habilidad y su condena, solo que lo ignoraba de la misma manera que ignoraba muchas otras cosas pues había crecido en mente y alma.
Entonces aparecieron ellos, los bastardos de tiempo libre y corazón corrupto, los odiaba desde el día de su nacimiento.
Eran niños...
los dejo pasar de largo, ni una mirado vacua recibió pues había aprendido a mimetizarse con el ambiente, tantos años de invisibilidad dieron sus frutos y los bastardos pasaron de largo.
Como pasarían el resto de sus vidas de mierda, pensó con amargura.
Sufrían, al igual que el, solo que lo ignoraban...
Entonces apareció el tren que esperaba, largo y oscuro, inocuo e impersonal, pero era el tren que le traería a sus vástagos.
Hacia siglos que no los veía, a sus tres creaciones, sus homúnculos nocturnos...
El tren paro, el subió y partieron con rumbo desconocido.
Entonces la realidad se desdoblo, se arrugo como si fuese un papel, y el tren tomo la ruta caprichosa que el arrugamiento le indicaba, subió una cuesta y descendió abruptamente por otra, deambulo por bordes barrocos y precipicios de abismal hondura.
Adentro todo era caos.
Los vástagos del Hombre del Anden se mataban entre ellos, primero violaron a sus hermanas y asesinaron a sus propios hijos, luego devoraron a su padre para finalmente atacarse mutuamente hasta que solo quedo uno, el mas fuerte.
Hizo detener el tren y descendió.
Era un viejo y aun conservaba en sus ojos el recuerdo de primaveras antiguas...
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